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    El acoso

    La Fiesta del Té 

    ¿Te ha pasado? Vas por la calle, sin meterte con nadie, y de pronto, detrás de ti, oyes una voz masculina que, en un tono lascivo, te dice: “Mamacita”, “¿Te acompaño?”

    Volteas y es un desconocido… ¿Cómo te hace sentir eso?

    A mí me pasó. Me sentí amenazada, con miedo, temerosa de que el piropo pasara al manoseo y del manoseo a la violación.

    Es una sensación horrible.

    Y esto, solo por ir caminando por la calle, sin molestar a nadie, sin importar que solo llevaba puesto un pantalón de mezclilla y una camiseta.

    Eso se llama acoso, y está reconocido en la definición de Violencia Sexual dentro de la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para el Estado de Veracruz, donde se establece que el acoso callejero es una forma de agresión que atenta contra la seguridad y dignidad de las mujeres.

    La vez que marcó mi vida

    La vez que me ocurrió esto y me marcó para siempre fue un día que salí de casa de mis papás para ir a la universidad. Yo tenía 17 o 18 años e iba caminando por la calle.

    Apenas a unos metros de mi casa, un tipo que venía en un coche se emparejó a mi paso y me preguntó por una dirección. Yo, confiada, empecé a darle indicaciones…

    Cuando me di cuenta, el tipo se estaba masturbando. Solo con verme ahí, parada, junto a su coche, en la calle, con un pantalón de mezclilla y una camiseta.

    El miedo me paralizó. No pude seguir avanzando, ni gritar, mucho menos pedir ayuda. La gente en la calle estaba en sus asuntos; nadie me ayudó.

    Habrán sido segundos… no lo sé. Para mí, el tiempo se detuvo y fue eterno.

    El tipo, con su voz rasposa, solo decía: “Qué rica”, y lo repetía una y otra vez. Solo se detuvo cuando, a lo lejos, mi abuelo gritó preguntando si pasaba algo, porque me vio ahí, paralizada.

    El sujeto arrancó de inmediato y se fue. Nunca lo volví a ver, pero, por supuesto, recuerdo su cara.

    Si mi abuelo no hubiera salido en ese momento o no me hubiera gritado, no sé qué habría pasado.

    En ese momento, sentí pánico. Me fui en el camión, temblando y llorando, hacia la universidad. Me sentía tonta por no haber reaccionado, por no haber gritado, por no haberle pateado la cara. Me fui enojada conmigo misma y lo estuve por mucho tiempo por no reaccionar y a veces me sorprende que han pasado casi 30 años y todavía me siento enojada, pero ya no conmigo.

    ¿Imaginas cómo se sintió?

    Ahora, piensen en esto cada vez que cuestionen a una mujer que se inconforma por un piropo. Cada vez que critiquen a una mujer que denuncia el acoso callejero.

    No es una exageración. Es una situación de violencia y pasa todos los días, en las calles, a ustedes, a ellas, en todas partes, sin que nadie haga nada. Más que reírse, minimizarlo y responsabilizarnos.

    Casi no lo cuento. Porque, al malestar que sentí en ese momento (y que aún me genera recordarlo), se suma el coraje y la impotencia que me provoca cuando alguien se ríe en mi cara y lo minimiza con un chiste o un comentario estúpido.

    Datos y contexto legal

    Según el Código Penal del Estado de Veracruz, el acoso sexual es un delito y está tipificado en el artículo 190, estableciendo sanciones para quienes hostiguen o acosen a otra persona con fines lascivos, sin su consentimiento.

    La Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para el Estado de Veracruz define la violencia sexual como cualquier acción que degrade o dañe el cuerpo y/o la sexualidad de una persona, afectando su libertad, dignidad e integridad física.

    En México, el 73% de las mujeres ha experimentado algún tipo de violencia en espacios públicos, según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021.

    De acuerdo con el INEGI, 9 de cada 10 mujeres han sido víctimas de acoso callejero en algún momento de su vida, lo que demuestra que este no es un hecho aislado, sino una realidad sistemática.

    No quiero que eso siga pasando.

    Quiero que la gente entienda que un piropo no es un halago, no es “inocente”, no es “nada”. Es una agresión. Duele en el alma y te marca para siempre.

    Porque aquí tod@s estamos locos

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