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    Festival de la mojarra: 25 años de sabor a la orilla del mar en Chachalacas

    Llegamos por la mañana a Playa Chachalacas, en la costa veracruzana, un destino turístico reconocido que hoy se viste de fiesta para celebrar la preparación y degustación de decenas de mojarras fritas. Este 2025, el evento cumplió 25 años de realizarse ininterrumpidamente, convirtiéndose en una de las tradiciones gastronómicas más importantes de la zona.

    Pero la tradición comienza desde la noche anterior, los habitantes del pueblo se reúnen para dar inicio a la laboriosa tarea de preparar el pescado. “Aliñar las mojarras”, como se le llama en la región, significa quitar viceras y descamar cada pieza cuidadosamente. Esta labor requiere muchas manos, pues se trata de preparar prácticamente una tonelada de pescado de distintos tamaños.

    Las familias involucradas descansan apenas unas horas, pues el día sábado, desde muy temprano —a las cinco de la mañana— ya están en pie para comenzar con los preparativos finales. Se acomoda la leña y se alistan las pailas —esas grandes cazuelas donde se vierte el aceite—, todo empieza a tomar forma. La leña utilizada es especial: cocuite y pino. Como comparte uno de los cocineros, “ese es el secreto, porque permite cocinar más rápido y freír tanta mojarra sin problema”.

    Con el aceite ya bien caliente gracias a la leña, comienza el proceso de enharinar las mojarras: cada una se cubre con harina para evitar que se peguen al freírlas. Las piezas se acomodan sobre una mesa y luego se trasladan a una tina para acercarlas al área de fritura. De ahí, las mojarras se sumergen cuidadosamente en el aceite hirviendo. En cada paila caben varias; como explica uno de los participantes, “aquí se fríen de 20 en 20… se avientan más o menos unos 10 minutitos aquí”.

    Después del tiempo indicado y una vez que estén doradas las mojarras se retiran y se colocan sobre una parrilla para escurrir el exceso de grasa. Posteriormente, pasan a la mesa donde se preparan los platillos que acompañan este manjar: arroz, pico de gallo y una sencilla ensalada de lechuga con tomate. Mientras tanto, varias mojarras se van embolsando, porque se acerca el momento más esperado: mostrarle al mundo lo que en Chachalacas llaman “la mojarra más grande”.

    Mojarras antes de ser emplatadas para repartir entre los habitantes y visitantes de Chachalacas, Veracruz.

    Cada mojarra emplatada se coloca en una tarima, donde se va dando forma a un pescado monumental. Después del protocolo y la foto oficial, comienza la repartición de los platillos a las decenas de personas que ya hacen fila desde horas antes.

    A lo lejos, en la cocina, se escucha decir a alguien: “se acabaron”. Todo el pescado ha sido entregado a los asistentes. Ahora es momento de que las cocineras y cocineros se sienten a comer y descansen, tras varias horas de trabajo comunitario que, una vez más, vuelve a alimentar cuerpo y alma en Chachalacas.

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