Popo: la bebida ancestral que aún conquista en Cosoleacaque, Veracruz

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Mujer indigena sirviendo popo

Cosoleacaque, Ver. – Fresco, espumoso y con un sabor que cuenta historias, el popo es una de las bebidas tradicionales más queridas del sur de Veracruz. En Cosoleacaque, un pueblo con profundas raíces indígenas y mestizas, su preparación sigue viva gracias a familias que han conservado esta receta ancestral por generaciones, compartiéndola en reuniones, fiestas patronales y celebraciones familiares.

Un legado prehispánico que resiste

Su origen se remonta a la época prehispánica. El nombre popo proviene del náhuatl popocti, que significa “lo que humea o espuma”, en alusión a su característica corona de espuma. Este detalle se logra gracias a una raíz endémica de la región conocida como azquiote (Smilax domingensis), que actúa como espumante natural y le da una textura única.

A lo largo de los siglos, el popo ha acompañado momentos importantes de la vida comunitaria: desde bodas y bautizos hasta rituales de cosecha. En Cosoleacaque, esta bebida no es solo un refresco, sino un símbolo de identidad y pertenencia.

Cosme Torres sirve popo recién hecho. Foto: Carmen Navarro

Los secretos de su preparación

La receta combina cacao tostado, arroz remojado, azúcar o piloncillo y, en algunas variantes, especias como canela o anís. Los ingredientes se muelen de manera artesanal, utilizando metates o molinos, para después mezclarse con agua y batirse con un molinillo de madera hasta lograr la espuma abundante que lo caracteriza.

La señora Cosme Torres, originaria de Cosoleacaque, comparte parte del proceso:

“Ahorita vamos a moler el cacao ya tostado, para darle el sabor”.

El arroz también requiere atención especial:

“Al arroz se le dan tres pasadas, o sea, se muele tres veces el arroz”.

Una vez listo, el popo se sirve tradicionalmente frío, en jícaras, y se acompaña con tamales —sobre todo los de chipil—, creando una combinación que muchos en la región consideran insuperable.

Un ritual que une a la familia

Preparar popo puede tomar hasta dos días, ya que el tostado, el molido y el batido requieren paciencia. En muchas casas, esta labor es colectiva: mientras unos muelen el cacao, otros se encargan de batir la mezcla para que la espuma se mantenga firme.

En Cosoleacaque, este trabajo en equipo no solo produce una bebida deliciosa, sino que fortalece la convivencia familiar y mantiene viva una tradición que se remonta a cientos de años.

Presente en las calles y mercados

A pesar del paso del tiempo y de la llegada de bebidas industrializadas, el popo no ha desaparecido. En las calles y mercados de Cosoleacaque todavía es posible encontrarlo, servido por mujeres y hombres que heredaron la receta de sus abuelos. Durante las fiestas patronales y eventos culturales, es común ver a vendedores ofreciendo jícaras rebosantes de espuma, que llaman la atención tanto de locales como de visitantes.

Más que una bebida

El popo es, en esencia, un vínculo con el pasado. Cada sorbo conecta con la historia de los pueblos del sur de Veracruz, su relación con la tierra, el cacao y el trabajo comunitario. Es un recordatorio de que, en un mundo que cambia a gran velocidad, todavía hay tradiciones que se mantienen firmes, conquistando paladares y corazones.

Si visitas Cosoleacaque, no dejes pasar la oportunidad de probarlo. Más allá de su sabor dulce y refrescante, descubrirás en el popo una experiencia cultural que sigue viva y que forma parte del patrimonio gastronómico de Veracruz.