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    Cuando el mar ya no alcanza: la otra realidad del pescador veracruzano

    Aún es de noche en el muelle y los motores comienzan a encenderse. Son embarcaciones pequeñas, llenas de redes, hieleras y otros objetos necesarios para sobrevivir en el mar. Así se lee una escena de la vida real de un pescador en el puerto de Veracruz, a escasos días de haber arrancado el año 2026.

    En un par de horas el sol comenzará a salir en el Golfo de México. Hay que darse prisa, suena en la mente del grupo de hombres que empieza a navegar entre canales, en medio de arrecifes coralinos del Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano. De ahí comienza la travesía mar adentro.

    Cada 26 de enero se conmemora en todo el mundo el Día del Pescador, una fecha que para los propios festejados pasa desapercibida. Poco se escucha y, por lo menos en el puerto más antiguo de México, nadie lo festeja.

    Para el sector dedicado a la pesca, su labor parece perder méritos conforme pasan los años. Entre las causas está el bajo consumo de pescados y mariscos, pero también la llegada de productos extranjeros a menor costo, como las llamadas “mojarras chinas”, que han desplazado a otras especies en el mercado.

    Y es que salir a pescar cada vez es más costoso. Las corridas de especies como el peto, jurel, sierra y robalo actualmente solo se encuentran en aguas más templadas, lo que implica mayor consumo de combustible y desgaste humano. Competir con especies cultivadas en estanques y con mayor tecnología se vuelve, entonces, una tarea cada vez más complicada.

    El hecho de ganarle a los rayos del sol no obedece únicamente al romanticismo pesquero; se trata de encontrar aguas calmadas, con una temperatura que no ahuyente a los peces. Desde hace 30 años comenzó una de las mayores problemáticas climáticas que hoy enfrentan los pescadores: el calentamiento del mar.

    El agua de la costa veracruzana alcanzó en 2023 temperaturas cercanas a los 30 grados. El promedio del incremento, según investigadores de la Universidad Veracruzana, es de tres grados por arriba de lo normal. Alcanzar estas temperaturas ha derivado en el llamado blanqueamiento del coral, especies vivas de alto valor ecosistémico, hogar de cientos de especies y parte de una cadena alimenticia que poco a poco se rompe.

    Es por ello que, en este Día del Pescador, el mayor interés de quienes viven del mar no es la celebración, sino la búsqueda de soluciones reales a una problemática en cadena que termina por agotar las especies. Sin perder de vista que el último eslabón somos nosotros, queda claro que, para muchos, hay poco que festejar y mucho que replantear.

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