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    El ferrocarril de Pacona: la vida teatral de una escritora veracruzana

    Pacona se ha ido. Aquella mujer que logró formar una compañía teatral de hasta 50 personas con amigos y la clase obrera de su pueblo, deja a cuatro de los actores que educó desde niños encarrilados a dar su próxima función. Y el dilema es que nunca se han presentado sin ella, ahora deben idearse una forma de darle final a las obras que dejó inconclusas.

    En el pueblo de Coatepec, durante la época pos revolucionaria, los integrantes de la compañía viajan como de costumbre en el ferrocarril “El piojito” a dar funciones de teatro a los alrededores: Xico, Teocelo, Altotonga, Perote.

    Tranquilino Gavilán (Juan Pablo Gallo), Rosalina Polanco (Cinthya Sánchez), Maruca Salmones (Aremí H.) y Hortensia Amorós (Karen Alú) son los últimos cuatro.


    Menos mal que en esta ficción, escrita por Francisco Jácome, al público solo nos toca conocerlos a ellos. Porque en la entrevista que se conserva con una de las actrices (no ficción) que actuaba con Francisca García Batlle, alías “Pacona” menciona que, en aquellos tiempos, viajaban todos los integrantes con la escenografía apretujados en un vagón.

    Durante su trayecto el ferrocarril se descompone y ya que no podrán llegar a su destino, se les ocurre presentarse a los pasajeros. Nosotros. El público de la sala nos convertimos – simultáneamente -a que ya lo somos – en el público del vagón.

    La primera mitad de la obra es de un tono comedia fársica, en la que interpretan algunas de las obras cortas que Francisca Batlle escribió en vida, cómo «Los apuros en el claustró», «Se casa Cleto» y «Ellas mandan». En esta última, por ejemplo, Pacona se ve cómo veían a las mujeres en ese momento.


    “Seguramente se metió en un problema. Burlarse de los hombres en el momento cúspide del machismo mexicano, pues debió haber sido incómodo. Pero se burló desde la comedia. Entonces era muy inteligente en ese sentido” comparte Jácome, dramaturgo y director de la obra.

    Otras escenas toman anécdotas (no ficción) de la compañía de Pacona. Por ejemplo, cierta ocasión en que unas señoras de parroquia fueron a acusar a las actrices con San Rafael Guízar y Valencia, entonces obispo de Xalapa, por enseñar la pierna en sus funciones. Aunque al final, él poco caso hizo y les dijo que fueran a buscar problemas reales.

    A su vez, éstas escenas se entretejen con la ficción que Jácome ha creado de los personajes. Sobre cómo fueron adoptados y educados por Pacona junto con otros niños, niñas, adolescentes, jóvenes, señoras… en el mundo del teatro, durante una época donde el arte no era cotidiano.

    “A mí se me hacía más importante el legado que dejó Pacona en cada
    una de estas personas. Más allá de hacer una obra biográfica
    sobre ella ¿no?” confiesa.


    Y durante el proceso surgió la inquietud de introducir las historias del actor y las actrices en su primer acercamiento al teatro. ¿Quién fue su “Pacona”? De Juan Pablo, Cinthya, Aremí y Karen. Allí se originan los monólogos que abarcan la segunda mitad de la obra.

    Es decir, en un primer momento el personaje de Maruca Salomones narra cómo Pacona la invitó a formar parte de la compañía, para luego ser la auténtica Aremí H. quien cuenta cómo en su hogar siempre estuvieron las historias, especialmente por su papá, sin saber que luego el teatro mismo, sería su hogar.

    Así pasan cada uno. Del más denso al más corto.

    “Por un lado, al personaje le
    puedes inventar cualquier cosa, es ahí donde me agarro de la ficción. Pero
    detrás de eso hay un actor, una actriz que ha pasado por una serie de eventos
    que lo han llevado hasta ese momento y siguen actuando a pesar de todas las
    dificultades que implica una carrera artística en este país”


    El propio Francisco Jácome en una función que interpretó al personaje de Tranquilino Gavilán, comparte cómo durante el periodo de su vida en la iglesia, ser monaguillo lo hacía sentir en un acto escénico sin saberlo. Fue después, cuando un amigo lo invitó a clases de teatro, el inicio de su vocación.

    “Y yo le dije, como ´Oye, no, claro que no, o sea, soy muy penoso´ Eh, me daba
    vergüenza pensarlo, nunca fui alguien extrovertido, yo pensaba que la gente
    extrovertida hacia esas cosas. Pero fui a la primera clase y algo cambió en mi
    vida completamente, que nunca había sentido tanta libertad creativa en un
    lugar”.- Francisco jácome

    El ferrocarril de Pacona es, de cierta manera, un homenaje al teatro, a las “Paconas” que atrajeron a cada actor, y a las decisiones que han tomado para mantenerse en el escenario.

    La no ficción


    Cuando los nietos de Francisca García Batlle asisten por primera vez a la obra en Xalapa, se asombran de lo que no sabían de su abuela. Jácome hubiera invitado a la familia desde el estreno, de haber sabido de ellos.

    “Pues es rarísimo, ¿no? Que hagan una obra sobre tu abuela. Yo dije como ‘Ay,
    a ver si no me cobran ya derechos’” comparte el director en broma.


    Más familia asistió a ver la función en el Teatro de la Reforma, en Veracruz
    Puerto. Una de las nietas, le prestó a Jácome las libretas de Pacona, donde
    están escritas sus obras y poesía:

    “Que tengan la confianza de prestármelo, es algo muy lindo. Ellas están en la
    mejor disposición de que el legado de Pacona se siga divulgando”


    El Ferrocarril de Pacona es la segunda obra de una trilogía teatral basada en escritoras veracruzanas del siglo XIX y XX. Le precede ÉL edén de las Musas; y próximamente seguirá una obra de títeres basada sobre la infancia de Josefa Murillo, “Josefa y las Alondras”.

    El ferrocarril de Pacona se presentará el miércoles 28 de enero en el Teatro de la Reforma en el Puerto de Veracruz.

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