Fotos: Sergio Balandrano Casas
Hay lugares que no solo se visitan, se sienten. En el sur de Veracruz, las escolleras de Coatzacoalcos son uno de esos espacios donde la infraestructura se transformó en experiencia… y en memoria.
Construidas a finales del siglo XIX como parte de un proyecto estratégico impulsado durante el gobierno de Porfirio Díaz, estas estructuras marcaron el inicio del desarrollo portuario moderno en la región. De acuerdo con el libro gráfico “De las Dunas a la Urbe”, resguardado en el Archivo Histórico de Coatzacoalcos, el Paseo de las Escolleras fue concluido en el año 1900, como una obra clave para conectar el comercio entre océanos a través del Istmo de Tehuantepec.


Una obra pensada para resistir al mar
Su función no era menor: proteger la entrada del puerto ante el oleaje del Golfo de México y evitar que los sedimentos del río bloquearan el canal de navegación. Así, las escolleras permitieron el ingreso de embarcaciones de gran calado y consolidaron a Coatzacoalcos como un punto estratégico en el mapa marítimo del país.
Con una longitud de 1,287 metros, estas estructuras se extienden desde la playa hacia mar abierto, justo en la desembocadura del río. A lo largo del tiempo han sido reforzadas con roca natural y concreto, incluyendo materiales de gran peso que les permiten resistir el embate constante de los “nortes”.

Caminar hacia el horizonte
Hoy, recorrer las escolleras es, literalmente, caminar hacia el mar. Cada paso se aleja del ruido urbano y se acerca al sonido de las olas rompiendo contra la piedra.
Es un trayecto que muchos describen como una pausa: el viento, el olor a sal y la vista abierta del Golfo crean un entorno que invita a desconectarse.

De infraestructura a punto de encuentro
Lejos de su función original, este espacio se ha integrado a la vida cotidiana de la ciudad.
Por las mañanas y al caer la tarde es común ver:
- Personas realizando caminatas
- Familias disfrutando del paisaje
- Pescadores lanzando sus líneas
- Visitantes observando la entrada y salida de buques
Las escolleras se han convertido en un punto de reunión donde conviven la actividad física, la tradición y el paisaje.

Atardeceres que definen a la ciudad
Si hay un momento clave para visitarlas, es al atardecer. La luz transforma el entorno, el cielo se tiñe de tonos cálidos y el mar refleja cada matiz.
Es ahí donde la experiencia cambia: deja de ser solo un recorrido y se convierte en un momento.
Un símbolo que trasciende generaciones
Más de un siglo después de su construcción, las escolleras no solo cumplen una función portuaria. Son también un espacio que conecta historia, identidad y vida diaria.
A un costado, el histórico Faro de Coatzacoalcos recuerda la vocación marítima de la ciudad; al final del recorrido, pescadores mantienen viva una práctica que ha acompañado a este sitio por generaciones.
Donde la ciudad se encuentra con el mar
Lo que comenzó como una obra de ingeniería para dominar al mar, hoy es un espacio donde la ciudad se reconcilia con él.
Un lugar donde el tiempo pasa distinto, donde la historia sigue presente…
y donde el mar no solo se observa.
También se camina.




