En Jicaltepec, municipio de Nautla, existe un camino que las familias conocen bien. Cuando una persona fallece, después de la misa de cuerpo presente, sus familiares y amigos acostumbran llevar el féretro en hombros hasta el cementerio. Ese mismo trayecto adquiere otro significado durante las celebraciones de Día de Muertos. Una noche al año, el camino se recorre en sentido contrario.
Los participantes se reúnen en el cementerio y, acompañados por luces y música, avanzan hacia el pueblo evocando simbólicamente el regreso de quienes ya murieron. Es el Camino de las Ánimas, una celebración relativamente reciente que este 2026 llegará a su cuarta edición, pero que comienza a encontrar un lugar entre las familias de esta comunidad asentada junto al río Bobos o Nautla. No pretende ser un carnaval ni reproducir celebraciones de otras regiones de Veracruz. Busca contar la manera particular en que Jicaltepec recuerda a sus muertos.

Una celebración nueva construida desde las costumbres del pueblo
Jorge Faibre ha impulsado el recorrido desde sus primeras ediciones. Su relación con Jicaltepec es también familiar: su madre era originaria de la comunidad y desde niño acostumbraba visitarla para encontrarse con sus tíos y acudir al cementerio. En aquellas visitas descubrió algo que no ocurría en su propia casa: los altares de muertos.
«Me gustaba llegar a Jicaltepec a visitar a mis tíos porque ellos ponían altares de muertos; en mi casa eso no lo hacían», recuerda. No existía entonces una celebración comunitaria como la que actualmente se realiza. Cada familia vivía Todos Santos dentro de casa. Preparaban sus ofrendas, colocaban altares y elaboraban alimentos propios de la temporada.
Entre ellos aparecen constantemente los chilaguates, tamales preparados con frijol y pipián que durante estas fechas pueden encontrarse en numerosas casas de la comunidad.También estaba la visita al cementerio. Las familias acudían a recordar a quienes las antecedieron y después continuaban la celebración de manera particular. El Camino de las Ánimas tomó esos elementos y los llevó al espacio público.

El mismo camino por el que llevan a sus muertos
El recorrido no fue elegido al azar. «No hacemos un recorrido por ninguna otra calle del pueblo que no sea justo el de los difuntos», explica Faibre. Cuando fallece una persona de la comunidad y se realiza una ceremonia católica, existe todavía la costumbre de trasladarla en hombros hasta el cementerio, en lugar de realizar todo el trayecto en una carroza. El Camino de las Ánimas utiliza exactamente esa ruta. Pero la invierte.
En lugar de salir del pueblo acompañando al difunto hacia el camposanto, los participantes comienzan dentro del cementerio y caminan hacia Jicaltepec. La imagen resulta inevitable: por una noche, el camino de despedida se convierte simbólicamente en un camino de regreso.
Las historias que dieron nombre al Camino de las Ánimas
Alrededor de ese trayecto también sobreviven relatos difíciles de comprobar pero profundamente vinculados con la memoria oral del lugar. Faibre cuenta que algunos habitantes aseguran haber visto figuras o grupos de personas caminando por el tramo comprendido entre el cementerio y la entrada de la comunidad. No solamente lo cuentan los adultos mayores.
También existen relatos de jóvenes que aseguran haber presenciado algo semejante durante noches frías o sombrías, aunque algunos prefieren no hablar demasiado sobre esas experiencias por temor a las críticas. Faibre es cuidadoso al respecto. Él nunca las ha visto. Las conoce porque las ha escuchado. Pero esas historias fueron precisamente las que ayudaron a darle nombre al recorrido. «Derivado de eso es que le pusimos ese nombre: el Camino de las Ánimas».
No se trata de afirmar que por ese sendero aparezcan los muertos, sino de reconocer que esas narraciones también forman parte del imaginario con el que una comunidad explica y recuerda su territorio. Y durante Día de Muertos, ese viejo camino adquiere todavía mayor fuerza.

Con solemnidad, no como carnaval
Uno de los aspectos que Faibre insiste en diferenciar es el carácter de la celebración. El Camino de las Ánimas no pretende convertirse en un desfile festivo ni apropiarse de tradiciones pertenecientes a otras regiones. «No es un carnaval, no es un Xantolo, no es nada de eso porque no somos huastecos». El recorrido se realiza con música, pero procurando mantener cierta solemnidad. Pueden escucharse piezas como La Llorona mientras los participantes avanzan con sus luces desde el cementerio.
En ediciones anteriores se han sumado agrupaciones y visitantes de otros lugares e incluso ballets procedentes de Colombia y Costa Rica. Este año volverá a participar un grupo costarricense. Una vez terminado el recorrido, el ambiente cambia. Al llegar al parque comienza una verbena en la que participan grupos musicales y habitantes de la localidad. Los diferentes barrios también se organizan para preparar tamales, panes, chocolate y otros alimentos que comparten o venden a quienes llegan desde comunidades y municipios cercanos.
Jicaltepec, entre el río y la memoria francesa
El escenario aporta otra dimensión a la experiencia. Jicaltepec se encuentra a orillas del río Bobos o Nautla, dentro de una región cuya historia está estrechamente relacionada con la llegada de familias francesas durante el siglo XIX. Parte de aquella presencia permanece en la arquitectura y en la memoria de la comunidad. Algunas de las antiguas viviendas todavía sobreviven, aunque su número ha disminuido con el paso del tiempo.
La historia de esas familias terminaría vinculándose también con el desarrollo de la vecina población de San Rafael. Para Faibre, precisamente esa combinación de arquitectura, relatos familiares, río y memoria hacía posible construir una celebración con identidad propia, sin necesidad de imitar las expresiones de otros lugares. Y el río sigue formando parte de la vida cotidiana.
Durante años, antes de la existencia de otras formas de comunicación entre ambas márgenes, habitantes de la zona utilizaron una panga para cruzar el Bobos. El panguero continúa siendo un personaje reconocible del paisaje local y durante estas fechas también acondiciona su embarcación para recibir a quienes desean realizar un recorrido por el río.

Una celebración joven que comienza a pertenecerle al pueblo
Cuatro años son muy pocos para hablar de una tradición antigua. Pero eso no significa que una comunidad no pueda construir nuevas maneras de expresar costumbres que sí forman parte de su memoria. Antes del Camino de las Ánimas estaban los altares familiares. Estaban los chilaguates. Estaba la visita al cementerio. Estaban las historias sobre quienes alguna vez aseguraron haber visto pasar a las ánimas. Y, sobre todo, estaba ese camino.
El sendero por donde los habitantes de Jicaltepec han acompañado durante generaciones a familiares y amigos hasta su última morada. El paseo reunió esos elementos y los convirtió en una celebración colectiva que comienza a ser esperada no solamente por los habitantes de la comunidad, sino también por visitantes de San Rafael, Nautla y Martínez de la Torre. Quizá ahí esté su mayor valor. No intenta hacerse pasar por una tradición centenaria. Está construyendo una nueva tradición a partir de la memoria que ya existía.

¿Cuándo será el Camino de las Ánimas en Jicaltepec?
La cuarta edición se realizará el 31 de octubre de 2026. La convocatoria es a las 18:00 horas en el cementerio de Jicaltepec, donde los participantes se organizarán antes de comenzar el recorrido. La caminata dura aproximadamente 30 minutos y concluye en el parque de la comunidad, donde posteriormente se realizará la verbena. La invitación está abierta tanto para habitantes como para visitantes.
Quienes lleguen encontrarán luces, música y una celebración de Día de Muertos distinta a otras que ocurren en Veracruz. Pero quizá lo más interesante sea entender el camino que estarán recorriendo. Porque unas horas después de caer la tarde, Jicaltepec caminará en sentido contrario la ruta por la que habitualmente despide a sus muertos. Y esta vez será para traerlos, al menos simbólicamente, de regreso a casa





