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    La Canícula: los mitos del campo veracruzano que la ciencia ha desmentido

    Si creciste en algún rancho, ejido o pueblo del interior de Veracruz, seguro escuchaste alguna vez la misma advertencia de un abuelo, una tía o un vecino más grande: “cuídate, que ya entró la canícula“. Y la obedecías, aunque nadie te explicara del todo por qué.

    Esa temporada, cargada de respeto casi supersticioso en el campo, está por terminar. Y antes de que se vaya, vale la pena hacer lo que pocas veces se hace con las tradiciones orales: revisarlas con calma y ver qué parte es ciencia y qué parte es mito heredado de generación en generación.

    ¿Qué es realmente la canícula?

    Antes de entrar a los mitos, lo justo es explicar el fenómeno. La canícula es un periodo de calor intenso provocado por un calentamiento excesivo del aire, cielos despejados y una disminución temporal de las lluvias. Su nombre, según explica la CONAGUA, viene de la constelación Can Mayor —Canícula para los romanos—, ya que antiguamente se creía que el calor del sol se combinaba con el brillo de la estrella Sirius, la más luminosa del cielo, que en verano se posiciona del lado opuesto al astro y “sumaba” su calor al ambiente.

    En México, la canícula 2026 arrancó de manera oficial a mediados de julio y se ha extendido cerca de 40 días, con menor presencia de lluvias y un repunte del calor en los estados del golfo, sur, sureste y noreste del país. Se espera que concluya hacia finales de agosto o los primeros días de septiembre, justo el momento en el que estamos parados ahora.

    Con el contexto claro, vamos a los mitos que sobrevivieron generaciones en el campo veracruzano.

    Mito 1: “Las heridas no cierran durante la canícula”

    Es quizás la creencia más extendida entre productores y familias del campo: que una herida, ya sea en el ganado o en una persona, simplemente no cicatriza mientras dura la canícula, como si el sol tuviera un efecto que corta la piel.

    La realidad tiene menos de maleficio y más de biología básica. Durante estos días de calor intenso aumenta el sudor y la humedad ambiental, condiciones ideales para que proliferen bacterias en una herida abierta. No es el sol el que impide sanar: es el ambiente húmedo el que complica la cicatrización si no hay una buena higiene.

    Mito 2: “Dura exactamente 40 días, ni uno más ni uno menos”

    Se repite como si fuera ley: la canícula empieza siempre en la misma fecha y dura cuarenta días cabales. La meteorología dice otra cosa. Tanto su inicio como su duración varían cada año y dependen de la región del país en la que te encuentres, por lo que hablar de “40 días” es más una referencia práctica que una regla fija.


    Mito 3: “Es la temporada más calurosa del año”


    Aquí hay un matiz importante. La canícula no necesariamente coincide con los picos más altos de temperatura absoluta del año; esos suelen presentarse antes de que arranquen las lluvias de verano. Lo que sí hace la canícula es intensificar la sensación de bochorno, gracias a la combinación de calor y humedad, aunque el termómetro no siempre marque el número más alto del calendario.

    Mito 4: “No cae ni una sola gota de lluvia”

    Otra idea muy arraigada: que durante la canícula el cielo se cierra por completo y no llueve nada. En realidad, las lluvias no desaparecen, solo bajan en frecuencia y en cantidad acumulada. Es un fenómeno tan reconocido que tiene nombre propio en meteorología: sequía intraestival, es decir, una pausa dentro de la propia temporada de lluvias, no su cancelación total.

    Mito 5: “El calor corta o agria la leche del ganado”

    En comunidades ganaderas es común escuchar que durante la canícula las vacas “se cortan” o que la leche se agria más rápido por un supuesto maleficio de la temporada. Lo que sí es real es el estrés térmico: el calor extremo puede reducir la producción lechera, pero no por brujería climática, sino porque durante estos días escasea el pasto tierno y el agua fresca que el ganado necesita para producir con normalidad.

    El valor de estas creencias, más allá de si son ciertas

    Vale la pena decirlo con claridad: que estos mitos no tengan sustento científico no los vuelve menos importantes culturalmente. Son parte de una forma de leer el clima que generaciones de familias campesinas veracruzanas desarrollaron mucho antes de tener acceso a un pronóstico meteorológico, y que en muchos casos funcionaban como reglas prácticas de cuidado: protegerse del sol, cuidar las heridas, estar atentos al ganado.

    La canícula 2026 está por irse. Y aunque la ciencia ya nos explique con precisión qué pasa en el cielo y por qué, esa costumbre de “respetar la canícula” seguirá viva un año más en los pueblos de Veracruz, como parte de una tradición que, mito o no, forma parte de nuestra identidad

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