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    Vivir en una isla de calor sin aire acondicionado: el costo de construir ciudades sin árboles

    Hay una diferencia enorme entre caminar bajo la sombra de un árbol y hacerlo sobre una avenida rodeada de concreto. Esa diferencia puede representar varios grados de temperatura y, para miles de personas, también una diferencia en su calidad de vida.

    Las llamadas islas de calor urbanas son un fenómeno cada vez más visible en las ciudades mexicanas. Mientras algunos pueden refugiarse en espacios climatizados, otros deben soportar jornadas enteras bajo temperaturas extremas porque trabajan al aire libre, utilizan el transporte público o viven en viviendas sin sistemas de enfriamiento.

    De acuerdo con información de la Secretaría de Protección Civil del Estado de Veracruz, basada en estudios del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), una isla de calor urbana es la diferencia de temperatura entre una ciudad y las zonas rurales o naturales que la rodean.

    Una ciudad que acumula calor

    Las ciudades modernas están cubiertas por enormes superficies de concreto, asfalto, vidrio y techos impermeabilizados que absorben la radiación solar durante el día y liberan ese calor lentamente durante la noche.

    A ello se suma la escasez de árboles, calles con poca ventilación, edificios que dificultan la circulación del viento y el calor generado por vehículos, industrias, comercios e incluso los propios sistemas de aire acondicionado.

    El resultado son colonias donde la temperatura puede sentirse significativamente más alta que en áreas con mayor vegetación.

    El calor también refleja desigualdad

    Las islas de calor no afectan a todas las personas por igual. Quienes cuentan con aire acondicionado, viviendas bien aisladas o la posibilidad de permanecer en espacios climatizados tienen mayores herramientas para enfrentar las altas temperaturas.

    En contraste, las personas que viven en viviendas precarias, trabajan en la construcción, el comercio informal, la limpieza o cualquier actividad al aire libre permanecen expuestas durante horas a un ambiente mucho más caliente.

    La Secretaría de Protección Civil advierte que adultos mayores, niñas, niños y personas con enfermedades crónicas forman parte de los grupos más vulnerables frente al calor extremo.

    El papel de los árboles

    Una de las medidas más efectivas para disminuir las islas de calor es conservar y ampliar el arbolado urbano. Un árbol maduro proporciona sombra, reduce la temperatura del entorno y mejora la calidad del aire. Por ello, Protección Civil recomienda evitar podas excesivas, proteger los ejemplares existentes e incrementar las áreas verdes en calles, escuelas, parques y espacios públicos.

    La dependencia también plantea identificar los puntos más calientes de cada ciudad, como paradas de transporte sin sombra, avenidas con exceso de pavimento y colonias con poca vegetación, para orientar futuras acciones de planeación urbana.

    Pensar las ciudades para vivir mejor

    Durante décadas, muchas ciudades crecieron privilegiando el automóvil, el concreto y el desarrollo inmobiliario, dejando en segundo plano la incorporación de árboles, parques y espacios que ayudaran a regular la temperatura.

    Hoy, el fenómeno de las islas de calor recuerda que la planeación urbana también es un asunto de salud pública y calidad de vida.

    Porque una ciudad no solo debe ser funcional; también debe ofrecer condiciones para que sus habitantes puedan caminar, trabajar y vivir sin que el calor extremo se convierta en un riesgo cotidiano.

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