Volver al sur siempre me pone nostálgico, y esta vez no fue la excepción. Coatzacoalcos, el puerto a orillas del río que lleva su mismo nombre, es una ciudad que muchos asocian de inmediato con su industria petrolera, pero que también carga emblemas gastronómicos que merecen tanto reconocimiento como su actividad económica. Uno de ellos, aunque no nació ahí de forma directa, se volvió clave en la mesa del sur de Veracruz: la carne de Chinameca.

¿Qué es la carne de Chinameca?
Para quien no la conozca: es una carne enchilada con achiote y ahumada en leña de encino, un proceso que le da un sabor profundo y un color característico. No es exclusiva de Coatzacoalcos, pero en una ciudad que se asume como capital económica de la región, sí debería ser motivo de orgullo encontrarla en su mejor versión en cualquier restaurante que la ofrezca. Ir a comer fuera y pedir carne de Chinameca debería ser, casi siempre, una apuesta segura.
La Flor del Istmo: la vista que no falla
En este viaje decidí regresar a uno de esos restaurantes emblemáticos del puerto, recomendado por muchos y con recuerdos de infancia de por medio: La Flor del Istmo, a orillas del río, frente al paso constante de lanchas. Es de esos lugares a los que vas tanto por el paisaje como por la comida: aves, embarcaciones y el movimiento propio de la ciudad se ven desde la mesa. Ahí siempre supe que los desayunos eran sabrosos —los chilaquiles y los antojitos en particular me dejaron buenos recuerdos en otras visitas.


Pero esta vez, cargado de nostalgia y sin oportunidad de pasar directamente por Chinameca, decidí pedir una Tampiqueña preparada con carne de Chinameca. Las expectativas eran altas, sobre todo por lo que ya mencioné: vas al sur, a un restaurante conocido, y esperas encontrarte con el mejor platillo emblemático de la región.
El platillo que me quedó a deber
El lugar cumplió en lo que ya conocía: buena vista, buen servicio, atención agradable de las meseras y del personal. La Tampiqueña, en general, venía bien acompañada, aunque sentí que los plátanos fritos pudieron haber sido un poco más generosos.
El problema llegó con la carne. Estaba demasiado seca, dura, producto de un proceso de fritura que terminó por convertirla en una pieza difícil de masticar. Intenté seguir disfrutándola, pero el exceso de sal terminó por opacar el sabor que se supone debía ser el protagonista del plato.

Una crítica constructiva, no destructiva
Quiero ser claro: esta reseña no busca hundir a un lugar que, en otras visitas, me ha dejado buenos recuerdos. La carne de Chinameca es un platillo que hoy muchas personas buscan activamente, y tiene todo el potencial de convertirse en un emblema gastronómico de Coatzacoalcos. Justamente por eso, encontrarla seca y salada —y no poder presumirla con orgullo a quien me acompañaba— sí resulta decepcionante.


La buena noticia es que es un platillo que se puede mejorar con ajustes concretos: un proceso de cocción a fuego lento que mantenga la carne suave y jugosa, y una revisión de proveedores para evitar que el condimento se pase de sal. Ninguno de los dos ajustes es complicado, y ambos harían una diferencia enorme en la experiencia final.
El veredicto
A La Flor del Istmo le pondría un 4 de 5. Me gusta todo del lugar —la vista, el servicio, el ambiente—, excepto esta última visita y el platillo de carne de Chinameca que probé. Espero que la próxima vez que regrese al sur, con la misma nostalgia de siempre, la carne esté a la altura del resto de la experiencia.
A Comer con Jonás — De Gusto y Antojo, por Ricardo Jonás Soto Contreras para Paralelo90MX.




