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    La Paloma de la Paz de Coatzacoalcos: escultura única y una de las más grandes de México

    Hay un punto del malecón de Coatzacoalcos donde, sin importar cuántas veces lo hayas visto, siempre vale la pena detenerse: la Paloma de la Paz, también conocida como la Paloma del Espíritu Santo, una escultura de siete metros de acero inoxidable que parece planear hacia el interior de la ciudad. No es una réplica de nada. Es una pieza que existe únicamente ahí, concebida específicamente para ese punto del malecón, y eso ya la convierte en un ícono que merece más atención de la que suele recibir.

    Paloma

    Quién la hizo y cuándo llegó al malecón

    La Paloma de la Paz fue instalada y presentada hacia finales de diciembre de 2013, obra del escultor y artista plástico Rigo Ramírez Villalobos, uno de los nombres más activos en el arte monumental del sur de Veracruz. Está elaborada completamente en acero inoxidable, con una estructura dinámica que le da esa sensación de movimiento, como si la paloma estuviera a punto de aterrizar sobre la ciudad.

    Un símbolo con raíces en el propio nombre de la ciudad

    Su diseño no es casualidad. La pieza busca representar paz y armonía, pero también hace un guiño directo a la identidad religiosa e histórica de la región: Coatzacoalcos se llamó originalmente Villa del Espíritu Santo, y la paloma es, precisamente, el símbolo tradicional asociado a esa figura. Es, en ese sentido, un monumento que dialoga tanto con lo universal —la paz como concepto— como con lo profundamente local: el propio origen del nombre de la ciudad.

    Una de las palomas de la paz más grandes de México

    El concepto de “paloma de la paz” existe en monumentos de varias ciudades del país, pero pocas se acercan al tamaño de la de Coatzacoalcos. La más conocida de estas piezas, obra también de un referente del arte mexicano, es la escultura de Juan Soriano en el malecón de La Paz, Baja California Sur: una paloma de bronce de apenas 2.5 metros de altura, colocada en 2003. La de Coatzacoalcos, en cambio, mide siete metros de largo, casi tres veces más grande, y está construida en acero inoxidable con una estructura dinámica que la distingue de otras versiones del símbolo en el país.

    Coatzacoalcos, entonces, no solo tiene su propia paloma de la paz: tiene una de las más grandes de México.

    Paloma

    El sello de Rigo Ramírez en la ciudad

    La Paloma no es la única huella que Rigo Ramírez ha dejado en Coatzacoalcos. Su trabajo como escultor incluye piezas como El Cazador Jaguar Olmeca, una escultura monumental sobre la carretera Costera del Golfo que rinde tributo a las raíces prehispánicas de la región, y La Sirena, otra figura emblemática colocada sobre el propio malecón costero. A eso se suman diversas esculturas de carácter histórico y mitológico en la Plaza de las Culturas y en la zona de la pirámide del malecón, que junto con la Paloma forman parte del recorrido artístico que cualquier visitante puede hacer caminando por la ciudad.

    Más que una escultura: un punto de encuentro

    Con los años, la Paloma de la Paz dejó de ser solo un elemento decorativo del malecón para convertirse en un punto de referencia comunitario, el tipo de monumento frente al cual la gente se toma fotos, se da cita o simplemente hace una pausa en su caminata junto al mar. Es, en ese sentido, un recordatorio visual de algo que va más allá del arte: que la armonía urbana también se construye con espacios públicos que invitan a la convivencia, al cuidado del entorno y a la identidad colectiva.

    La próxima vez que camines por el malecón de Coatzacoalcos, vale la pena detenerse frente a ella un momento. Pocas palomas de la paz en el país tienen esta escala.

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