Sobre la calle Bravo, casi esquina con Hidalgo, hay una taquería que lleva más de seis décadas sirviendo lo mismo que sirvió el primer día: tacos de cabeza de cerdo al vapor, menudencia, surtida, maciza, hígado y trompa, bañados en una salsa roja que los porteños reconocen de memoria. Ahí, el alcalde Pedro Miguel Rosaldo García vivió hace unos días algo que fue mucho más que una comida.

Un reencuentro con sabor a memoria
El negocio es de la familia Chincoya, atendido hoy por su segunda y tercera generación, con una receta que se remonta a 1965, cuando Francisco Chincoya Caballero y María Acevedo León lo fundaron. Pero para el alcalde, la visita tuvo un significado que iba más allá de la tradición gastronómica: Paco Chincoya es un viejo amigo suyo, compañero de sus años en el karate, con quien mantiene, en sus propias palabras, “un cariño profundo y un respeto también muy grande”.
Chincoya, quien perdió la vista a consecuencia de un accidente y actualmente enfrenta una condición delicada de salud, pudo reencontrarse y saludar personalmente al alcalde, en un momento cargado de recuerdos que no pasó desapercibido para quienes se encontraban en el establecimiento. Al final, Rosaldo García tuvo un gesto que sorprendió a los presentes: pagó la cuenta de toda su comitiva y también la de los clientes que en ese momento disfrutaban de los tacos de Chincoya.
La taquería, que abre principalmente los sábados de 8:00 a 8:30 de la mañana hasta aproximadamente las 3:00 o 3:30 de la tarde, quedó una vez más como escenario de algo que sucede constantemente en Coatzacoalcos: negocios de comida que terminan siendo también negocios de memoria.
No es la única historia: los mercados que alimentan al puerto
La de Chincoya es una historia entrañable, pero está lejos de ser única. Coatzacoalcos tiene, repartidos entre sus mercados tradicionales, decenas de negocios familiares que llevan generaciones alimentando a los porteños en su día a día.
El Mercado Coatzacoalcos, conocido por todos como el “Mercado Grande”, cumplió apenas este septiembre 63 años de historia. Hoy reúne a cerca de 400 locatarios, muchos de ellos herederos de un oficio que sus propios padres o abuelos empezaron dentro de sus pasillos. Ahí conviven pescadería, pollería, ropa y comida tradicional, sostenidos por familias que encontraron en el mercado una forma de vida que se transmite de una generación a otra.
A unas calles de distancia, el Mercado Morelos tiene su propia joya: un pasillo de tacos con más de 30 años de tradición, donde cada locatario defiende su propio sazón. Ahí se puede encontrar taco de tripa, ubre, bistec, longaniza, chinameca y campechanos, a un precio que los mismos comerciantes se han esforzado por mantener accesible, entre 15 y 16 pesos por pieza. “Si vienes a Coatza y no pruebas los tacos es que no viniste a Coatza”, suele decirse entre quienes atienden este pasillo, uno de los más visitados por locales y turistas durante temporada alta.

El verdadero sabor de Coatzacoalcos
Entre la anécdota personal del alcalde con su viejo amigo Chincoya y los cientos de locatarios que día con día abren sus puestos en el Mercado Grande y el Mercado Morelos, hay un hilo común: negocios que empezaron como sustento familiar y que, con los años, se convirtieron en parte de la identidad gastronómica del puerto.
Coatzacoalcos no solo se alimenta de tacos. Se alimenta de las historias familiares detrás de cada puesto, de las recetas heredadas y de los reencuentros —como el de Rosaldo García y Chincoya— que recuerdan que, en esta ciudad, comer también es una forma de recordar.



