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    La milpa es mucho más que maíz: lo que se vivió en la Feria de Tlalnelhuayocan

    Cuando pensamos en una milpa es fácil imaginar una parcela cubierta de plantas de maíz. Pero basta recorrer una feria como la realizada este fin de semana en Rancho Viejo, Tlalnelhuayocan, para descubrir que alrededor de esas mazorcas existe un sistema mucho más amplio.

    Hay frijoles, calabazas, quelites y otras plantas que pueden compartir la parcela. Después vienen las tortillas, los tlacoyos, las gorditas, los tamales y los atoles. También las semillas que se guardan para volver a sembrar y los conocimientos que permiten reconocer cuándo cultivar, cosechar o aprovechar cada producto.

    Milpa

    La XII Feria de la Milpa, realizada este domingo 27 de septiembre en el marco del Día Nacional del Maíz, permitió observar esa diversidad desde un lugar especialmente significativo: una comunidad donde la milpa todavía forma parte de la alimentación y de la economía de algunas familias.

    Más de 40 expositores fueron convocados para ofrecer platillos, productos regionales y artesanías. Hubo intercambio de semillas, talleres, música, danza, un concurso para reconocer la mejor mazorca y otro dedicado a los atoles. La celebración llevaba una frase que resumía buena parte de su propósito: “Cuidando el territorio desde el plato”.

    Porque conservar una milpa no depende solamente de quien decide sembrarla. También depende de que aquello que produce continúe llegando a las cocinas y tenga personas dispuestas a consumirlo.

    Una milpa no es solamente un campo de maíz

    La primera diferencia está en entender qué significa realmente hacer milpa. A diferencia de un monocultivo, en el sistema tradicional distintas plantas pueden crecer dentro de una misma parcela. Maíz, frijol y calabaza forman una de sus asociaciones más conocidas, pero dependiendo de la región pueden aparecer también chiles, quelites y otras especies aprovechadas por las familias.

    Milpa

    En Rancho Viejo y otras comunidades de Tlalnelhuayocan se ha documentado históricamente el cultivo asociado de maíz, frijol y calabaza, utilizando además semillas criollas seleccionadas de una cosecha para la siguiente. No se trata únicamente de colocar varios alimentos en el mismo terreno. Cada componente puede cumplir una función dentro del sistema y, al mismo tiempo, ampliar lo que una familia obtiene de la parcela. Por eso hablar solamente del maíz deja fuera buena parte de la historia.

    La milpa puede producir alimentos en diferentes momentos del ciclo agrícola y proporcionar recursos que se destinan al consumo familiar, a los animales de traspatio y, en algunos casos, a la elaboración de productos que después se venden.

    De una parcela pueden salir muchos sabores

    La feria permitió observar el siguiente paso de ese recorrido: lo que sucede cuando los productos llegan a la cocina. Una mazorca puede convertirse en tortilla, tamal, gordita, tlacoyo o bebida. El frijol, la calabaza y los quelites amplían todavía más las posibilidades.

    El concurso de atoles realizado durante esta edición resulta un buen ejemplo. Más allá de competir por una bebida, muestra una de las características que han permitido que los productos de la milpa permanezcan presentes en la alimentación: su capacidad para transformarse. La cocina hace que una semilla deje de ser solamente un cultivo.

    Detrás de una tortilla hecha a mano o de un atole existe una cadena de conocimientos: seleccionar el grano, conservarlo, sembrarlo, cosecharlo y saber cómo transformarlo. En esta región esos conocimientos han pasado durante generaciones entre familias campesinas y, particularmente, a través del trabajo de mujeres que además han llevado productos elaborados con maíz hacia mercados y calles de Xalapa.

    La milpa también necesita consumidores

    Aquí aparece una parte menos visible cuando se habla de conservar el campo. Sembrar puede mantener una semilla criolla y garantizar parte de la alimentación de una familia, pero producir también implica trabajo, tiempo y recursos. Para que algunas de estas actividades continúen, los productos necesitan encontrar consumidores fuera de la parcela.

    Estudios realizados en la región del Pixquiac han documentado que buena parte del maíz producido en comunidades como Rancho Viejo se ha destinado tradicionalmente al autoconsumo. Sin embargo, la elaboración y venta de tortillas hechas a mano, tlacoyos, gorditas y otros productos ha servido para complementar los ingresos de familias de la zona. Esto cambia la manera de mirar una feria como la de Rancho Viejo.

    Milpa

    Comprar una tortilla, probar un atole o llevar algún producto regional no necesariamente es un acto de conservación por sí mismo, pero sí puede formar parte de una economía que permite que los conocimientos asociados a la milpa continúen teniendo utilidad para quienes los poseen. La conservación también pasa por el consumo.

    Del campo de Rancho Viejo a las calles de Xalapa

    La cercanía con Xalapa hace particularmente interesante esta relación. Rancho Viejo se encuentra a pocos kilómetros de una de las principales ciudades de Veracruz. Sin embargo, durante mucho tiempo ha existido una distancia mayor que la geográfica entre quienes producen alimentos en estas comunidades y quienes los consumen en la ciudad. Precisamente por eso, en 2017 la Feria de la Milpa decidió trasladarse al campo.

    La intención era llevar a habitantes urbanos hacia Rancho Viejo y hacer visible algo que muchas veces pasa inadvertido: parte de los alimentos que llegan a Xalapa se producen en comunidades rurales muy cercanas. La feria creció desde entonces como un punto de encuentro entre productores, organizaciones, consumidores y personas interesadas en la alimentación y el territorio. En su edición número 12 esa relación volvió a quedar sobre la mesa.

    Semillas que necesitan volver a sembrarse

    Durante la jornada también hubo intercambio de semillas y talleres relacionados con bioinsumos, plaguicidas, buenas prácticas agrícolas y nutrición de la milpa. Además, se reconoció a productores que trabajan sin agrotóxicos. Estas actividades permiten entender que conservar la milpa no significa únicamente guardar semillas en algún lugar. Una semilla permanece viva cuando vuelve a la tierra, se adapta a las condiciones locales y una nueva generación aprende a cultivarla.

    En Rancho Viejo se mantiene el uso de materiales criollos de maíz, frijol y calabaza. Esa diversidad tiene importancia porque representa semillas que han sido seleccionadas y conservadas por las propias familias a lo largo del tiempo. Pero su permanencia enfrenta desafíos. Los cambios en el uso del territorio, la expansión urbana, otros modelos agrícolas y la disminución de personas dedicadas al campo pueden reducir gradualmente los espacios donde todavía se hace milpa. Mantenerla requiere entonces algo más que reconocer su valor cultural una vez al año.

    Milpa

    Cuidar el territorio desde el plato

    La XII Feria de la Milpa reunió música, danza, talleres, semillas, productores y alimentos. Pero quizá su aportación más interesante ocurre cuando el visitante entiende que todo está relacionado.

    La mazorca que participa en un concurso puede guardar los granos de la próxima siembra. El maíz cosechado puede alimentar a una familia. Una parte puede transformarse en tortillas o antojitos. Esos productos pueden venderse y generar un ingreso adicional. Y alguien que vive en Xalapa puede terminar consumiendo aquello que fue sembrado apenas unos kilómetros fuera de la ciudad. Ahí cobra sentido la frase elegida para esta edición: “Cuidando el territorio desde el plato”. Porque la permanencia de la milpa no depende únicamente de los campesinos que continúan sembrando. También depende de que sus productos tengan un lugar en nuestra alimentación.

    La Feria de la Milpa de Tlalnelhuayocan permite recordarlo desde Rancho Viejo: detrás del maíz existe una parcela diversa, detrás de la parcela hay familias y conocimientos, y detrás de cada alimento que llega a la mesa existe una decisión que puede ayudar a mantener esa cadena. Por eso la milpa es mucho más que maíz.

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