Durante generaciones, tener una casa fue una de las imágenes más claras de lo que significaba construir una vida adulta. Conseguir trabajo, ahorrar, comprar un terreno o acceder a un crédito y, con los años, formar un patrimonio. Para millones de jóvenes mexicanos ese recorrido se ha vuelto mucho más complicado.
En Veracruz la contradicción resulta particularmente visible. Mientras la población del estado envejece, más de un millón de personas jóvenes viven en viviendas con algún tipo de rezago habitacional y otras miles necesitarían una nueva vivienda para poder independizarse.

Los datos aparecen en el estudio Situación habitacional de las personas jóvenes en México, elaborado por la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI), y ayudan a mirar el Día Mundial del Hábitat desde una realidad mucho más cercana. Porque hablar de vivienda no significa solamente contar casas. También significa preguntarse qué posibilidades tienen las nuevas generaciones de construir un espacio propio donde desarrollar su vida.
Más de un millón de jóvenes viven en rezago habitacional
El primer dato coloca a Veracruz entre las entidades con mayores desafíos. De acuerdo con CONAVI, 1 millón 100 mil 138 jóvenes veracruzanos de entre 12 y 29 años habitaban viviendas en situación de rezago habitacional, de acuerdo con información de la ENIGH 2022.
En números absolutos, Veracruz ocupó el segundo lugar nacional, solamente después de Chiapas, que registró poco más de 1.2 millones. Pero hablar de rezago habitacional no significa necesariamente que esas personas no tengan un techo. El concepto incluye viviendas construidas con materiales deteriorados o inadecuados, pisos de tierra, hacinamiento, precariedad de espacios o carencia de excusado, entre otras condiciones. Es una diferencia importante.
El problema de la vivienda juvenil en Veracruz no se limita a quienes buscan comprar una casa. También incluye a quienes ya tienen un lugar donde vivir, pero ese espacio no reúne condiciones adecuadas.
Veracruz necesita vivienda para sus jóvenes
Hay un segundo dato que permite observar otra parte del problema. CONAVI estimó, utilizando información de la Encuesta Nacional de Vivienda 2020, que en Veracruz se requerían 204 mil 769 viviendas para nueva ocupación por población joven. La cifra coloca al estado entre las entidades con mayor necesidad habitacional juvenil del país. Estas viviendas representan hogares que requieren un espacio adicional para que las personas jóvenes puedan formar nuevas unidades habitacionales.
Es decir, aquí comienza a aparecer una pregunta diferente.
¿Qué ocurre con quienes llegan a la edad adulta, quieren independizarse o formar un hogar, pero no encuentran condiciones económicas para hacerlo? Comprar una casa se aleja de las posibilidades de una generación. El problema no es exclusivamente veracruzano.
Los datos nacionales permiten entender por qué acceder a una vivienda se ha convertido en una de las principales dificultades para las nuevas generaciones. Entre las personas de 18 a 29 años que buscan comprar o terminar de pagar una vivienda, apenas 4.6% señaló no enfrentar dificultades para hacerlo, según datos de la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera 2023 retomados por CONAVI. Para el resto, las barreras son bastante concretas.
La principal es la falta de ahorro, mencionada por 41.2% de los jóvenes. Después aparecen la falta de oportunidades laborales o un salario insuficiente, con 34.3%, y la falta de acceso a crédito, con 8.1%. No necesariamente falta el deseo de comprar una casa.
De hecho, alrededor de 7.2 millones de jóvenes mexicanos señalaron que adquirir o terminar de pagar su vivienda constituye su principal objetivo financiero. El problema está entre la aspiración y la posibilidad de alcanzarla.
Ahorrar tampoco resulta sencillo
Comprar una vivienda requiere algo que para muchos jóvenes resulta difícil conseguir antes incluso de pensar en un crédito: capacidad de ahorro. Solamente 24.9% de las personas de entre 18 y 29 años declaró contar con recursos suficientes para enfrentar una emergencia económica equivalente a un mes de ingresos.
Eso significa que para una buena parte de esta población el dinero disponible se concentra en resolver las necesidades inmediatas. Renta, alimentación, transporte, servicios y otros gastos cotidianos compiten con cualquier posibilidad de reunir el enganche para una vivienda. La capacidad de financiamiento tampoco ofrece demasiadas alternativas.

Estimaciones citadas por CONAVI señalan que apenas 3.6% de las personas jóvenes jefas de hogar podría acceder a financiamiento habitacional en condiciones de mercado sin destinar más de 30% de sus ingresos al pago de la deuda. La vivienda propia sigue siendo una meta. Lo que ha cambiado son las condiciones para alcanzarla.
Mientras tanto, Veracruz envejece
Aquí el problema habitacional se encuentra con otro proceso que ocurre silenciosamente en Veracruz. En 1995, la edad mediana de la población veracruzana era de 21 años. Para 2010 había aumentado a 27 y en 2020 alcanzó los 31 años. Los datos de INEGI para 2025 la ubican ya en 34 años.
Esto no significa que Veracruz sea un estado sin jóvenes. Significa que la estructura de su población está cambiando: proporcionalmente hay menos niños y jóvenes mientras aumenta el peso de los grupos de mayor edad. Ese proceso abre una discusión que rebasa el mercado inmobiliario. Un estado necesita que sus jóvenes puedan estudiar, encontrar empleo, independizarse, formar hogares si así lo desean y construir patrimonio. Cuando esas posibilidades se reducen, permanecer en el lugar donde nacieron también puede volverse más difícil.
Una casa es más que una propiedad
El Día Mundial del Hábitat suele abrir conversaciones sobre ciudades, servicios, urbanización y derecho a la vivienda. Pero detrás de esos conceptos existe algo cotidiano. Tener una vivienda adecuada significa contar con espacio, privacidad, servicios y condiciones para estudiar, descansar, formar una familia o simplemente desarrollar una vida independiente. Por eso el problema tampoco puede reducirse a conseguir créditos hipotecarios.
Para un joven con ingresos bajos o inestables, ofrecer financiamiento no necesariamente resuelve la dificultad si la mensualidad queda fuera de sus posibilidades. Construir más vivienda tampoco garantiza automáticamente el acceso si se edifica lejos del empleo, el transporte y los servicios. El verdadero desafío está en conseguir que una vivienda adecuada vuelva a encontrarse dentro de las posibilidades económicas de quienes comienzan su vida adulta.
¿Dónde van a construir su futuro los jóvenes veracruzanos?
Los datos de CONAVI muestran dos realidades que conviven en Veracruz. Por un lado están quienes ya habitan viviendas con carencias. Por otro, quienes necesitarán un espacio nuevo conforme busquen independizarse y formar sus propios hogares. A ellos se suma una generación para la cual ahorrar, acceder a un crédito y pagar una vivienda representa un esfuerzo cada vez mayor.
Mientras tanto, Veracruz continúa envejeciendo. La contradicción debería importar más allá del sector inmobiliario. Porque hablar del futuro de un estado implica hablar también de las condiciones que ofrece para que sus nuevas generaciones decidan construir su vida en él.
Durante décadas, tener una casa representó precisamente eso: echar raíces. Hoy, para miles de jóvenes veracruzanos, conseguir esas raíces puede ser una de las partes más difíciles de comenzar la vida adulta.Y quizá esa sea una de las preguntas que vale la pena plantear en el Día Mundial del Hábitat.



