En 1995 una nueva generación de soneros surgía en el sur del estado, en pueblos y ciudades como Cosoleacaque, Jáltipan, Minatitlán y Coatzacoalcos.
Muchos estudiaban la secundaria o la prepa. Algunos, por tradición familiar, aprendían a tocar instrumentos como la jarana, la guitarra de son o la leona. Otros, con amigos o vecinos de barrio, aprendían la música llamada son jarocho.

Grupos consolidados como Chuchumbé, Son de Madera o Mono Blanco eran un ejemplo para los jóvenes interesados en este género musical.
Pero en el sur de Veracruz surgió un proyecto que buscaba impulsar algo más que un grupo musical: se trataba del rescate de una tradición desde la fiesta del fandango. Así nació el Centro de Documentación del Son Jarocho , y con él, el germen de lo que hoy conocemos como Los Cojolites.
De Jáltipan al mundo, sin perder la tarima
Con sede en Jáltipan de Morelos, Los Cojolites están a punto de cumplir tres décadas de una carrera que nunca se detuvo. Lo que empezó como parte de ese impulso juvenil por rescatar el son jarocho se convirtió, con los años, en una de las agrupaciones pilares en la revitalización, el rescate y la difusión de este género y de las expresiones comunitarias del sur de Veracruz.


El Centro de Documentación del Son Jarocho, que fundaron en Jáltipan, sigue siendo hoy un bastión para la enseñanza de la música, el baile de tarima y la poesía tradicional, formando a nuevas generaciones de soneros de la misma manera en que ellos alguna vez aprendieron entre vecinos y familiares.
Un son que llegó hasta Hollywood y los Grammy
La trayectoria de Los Cojolites terminó por rebasar las fronteras del sur de Veracruz. Han llevado la música regional mexicana a escenarios nacionales e internacionales, acumulando dos nominaciones a los Premios Grammy, en sus ediciones 55 y 58. Su música también formó parte de la banda sonora de Frida (2002), la película que se llevó el Óscar ese año, un dato que muchos jaltipeños todavía recuerdan con orgullo.
A lo largo de su historia, han compartido escenario y colaborado con figuras como Natalia Lafourcade y Eugenia León, y en 2014 fueron parte de la inauguración de los XXII Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Veracruz, uno de los escaparates más grandes que ha tenido el estado en años recientes.
El fandango como compromiso, no solo como escenario
Más allá de los reflectores, Los Cojolites nunca soltaron el hilo que los originó: el fandango como forma de comunidad. Su vínculo con Jáltipan se mantiene firme también fuera de los escenarios, impulsando iniciativas solidarias ante contingencias y emergencias locales, como corresponde a un proyecto que nació, antes que nada, de la necesidad de una comunidad de rescatar lo suyo.

Treinta años después, la misma jarana
Quienes vieron nacer a esa generación de soneros en Cosoleacaque, Jáltipan, Minatitlán y Coatzacoalcos, allá por 1995, probablemente nunca imaginaron que ese fandango terminaría sonando en los Grammy o en una película ganadora del Óscar. Pero treinta años después, Los Cojolites siguen ahí, con la misma jarana, sosteniendo algo que empezó como un simple deseo de no dejar morir una tradición.
Ese, quizás, sea el verdadero triunfo: que tres décadas después, el son jarocho del sur de Veracruz sigue teniendo quién lo toque, quién lo baile y quién lo enseñe.



