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    Zurdos en un mundo de diestros: los obstáculos de la vida cotidiana

    ¿Eres diestro? Imagina tener que escribir rápidamente de derecha a izquierda. No porque esa sea la manera correcta de hacerlo, sino porque durante toda tu vida los objetos, los espacios y las herramientas que utilizas fueron diseñados pensando en alguien que usa principalmente la mano derecha. Ahora imagina que eso ocurre todos los días.

    Para aproximadamente uno de cada diez habitantes del mundo, esa adaptación forma parte de la vida cotidiana. Son las personas zurdas. Y aunque para la mayoría pueda parecer un detalle menor, basta intentar realizar algunas actividades comunes utilizando la mano contraria para entender que buena parte de nuestro entorno está pensado para los diestros.

    Un mundo diseñado para la mano derecha

    La escritura es uno de los ejemplos más evidentes. Las personas zurdas escriben de izquierda a derecha y, dependiendo de la posición de la mano y del tipo de tinta, pueden arrastrar la mano sobre lo que acaban de escribir.

    A eso se suman los pupitres escolares con el espacio para escribir colocado del lado derecho, las libretas de espiral, las tijeras convencionales y herramientas que simplemente no funcionan de la misma manera cuando se utilizan con la mano izquierda.

    No se trata de que una persona zurda no pueda utilizarlas. Puede hacerlo. El problema es que muchas veces tiene que aprender a hacerlo adaptándose a un diseño que no fue pensado para ella. La propia Universidad Nacional Autónoma de México ha señalado que numerosos objetos y espacios de uso cotidiano han sido diseñados principalmente para personas diestras.

    La adaptación comienza desde la infancia

    Para muchos zurdos, la adaptación empieza en la escuela. Un pupitre puede obligarlos a girar el cuerpo para encontrar una posición cómoda. Una tijera puede resultar difícil de utilizar. Una libreta puede convertirse en un obstáculo. Y la escritura puede convertirse en uno de los primeros momentos en los que un niño descubre que aquello que para sus compañeros resulta natural requiere una posición diferente para él.

    A lo largo de los años, esa adaptación puede extenderse a cámaras fotográficas, herramientas, controles, electrodomésticos, instrumentos musicales, equipos de trabajo y hasta determinados diseños de teclado. La mayoría de estos productos no están mal diseñados. Simplemente fueron diseñados pensando en la mayoría. Y ahí aparece una pregunta de inclusión: ¿qué ocurre con quienes no forman parte de esa mayoría?

    Cuando la diferencia también fue motivo de discriminación

    Durante mucho tiempo, ser zurdo no fue visto únicamente como una característica física. En diferentes sociedades existieron prejuicios y prácticas destinadas a corregir o impedir el uso de la mano izquierda. Algunas personas fueron obligadas desde la infancia a escribir con la mano derecha.

    Esa historia todavía permanece en la memoria de generaciones que aprendieron que utilizar la mano izquierda era algo que debía corregirse. Hoy la perspectiva es distinta. La zurdera es considerada una variación natural de la lateralidad humana, no una enfermedad ni una condición que deba ser corregida.

    Pero los testimonios de personas zurdas muestran que el problema no desaparece únicamente porque hayan cambiado las ideas. También está presente en el entorno.

    Aprender a vivir en un mundo de diestros

    La adaptación constante puede llevar a que una persona zurda aprenda a utilizar determinados objetos con ambas manos. No necesariamente porque tenga una capacidad especial, sino porque el entorno se lo exige.

    Abrir una lata, utilizar unas tijeras, manejar determinadas herramientas o utilizar un equipo diseñado para diestros puede convertirse en un ejercicio cotidiano de adaptación.

    Por eso, hablar de zurdera también permite hablar de accesibilidad. Un producto puede funcionar perfectamente para la mayoría y, al mismo tiempo, representar una dificultad innecesaria para una minoría.

    También existe un mercado para los zurdos

    La creciente aceptación social de la zurdera ha permitido que aparezcan productos diseñados específicamente para este sector. Existen tijeras, abrelatas, instrumentos musicales, herramientas, artículos de escritura y otros objetos adaptados para quienes utilizan principalmente la mano izquierda.

    Incluso existen bolígrafos de secado rápido pensados para reducir el problema de arrastrar la mano sobre la tinta recién escrita. El problema es que estos productos especializados suelen tener una oferta mucho menor y, en algunos casos, pueden resultar más costosos que sus equivalentes diseñados para diestros. La inclusión también pasa por el mercado.

    Aproximadamente uno de cada diez

    Las estimaciones internacionales sitúan a las personas zurdas en alrededor del 10.6 % de la población mundial. En México, diversas estimaciones ubican a este grupo en alrededor de 13 a 14 millones de personas. No son una población pequeña. Son millones de personas que todos los días utilizan objetos que, en su mayoría, fueron concebidos para otra lateralidad.

    Y esa es precisamente la razón por la que el tema va más allá de una curiosidad. No es una desventaja, es una forma diferente de adaptarse. La zurdera no significa tener menor capacidad. El cerebro de una persona zurda funciona de manera normal; la lateralidad simplemente se manifiesta de manera diferente.

    Tampoco significa automáticamente ser más inteligente, creativo o talentoso. La diferencia está en la manera en que cada persona desarrolla y utiliza su lateralidad. En muchos casos, además, la necesidad de adaptarse a un entorno diseñado para diestros hace que las personas zurdas aprendan a utilizar ambas manos para determinadas actividades.

    No porque tengan que ser diferentes. Porque tuvieron que aprender a desenvolverse en un mundo que pocas veces se detuvo a pensar en ellas.

    La vida diaria no está hecha para zurdos

    Tal vez por eso la mejor manera de entender la experiencia de una persona zurda no sea explicarla. Sea intentarlo. Tomar unas tijeras. Sentarse en un pupitre. Utilizar un abrelatas. Escribir rápidamente con la mano izquierda. Y descubrir que objetos que nunca habíamos considerado complicados pueden convertirse en un pequeño obstáculo cuando dejan de estar diseñados para nuestra comodidad.

    La vida cotidiana parece neutral. Pero no siempre lo es. Muchas veces está construida alrededor de aquello que hace la mayoría. Y para millones de personas zurdas, vivir significa aprender a adaptarse constantemente a ese diseño.

    No necesitan que el mundo cambie por completo. Quizá solamente que, al momento de diseñarlo, alguien recuerde que también existen quienes utilizan la otra mano.

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